24/2 Renos
Esta mañana habíamos quedado con nuestros guías en salir a las 8:30. Antes de eso, teníamos desayuno en nuestro hotelito; cada cual podía bajar a desayunar cuando quisiera, según su hambre. Y el desayuno estaba mejor de lo que esperaba, era un buffet bastante razonable, teniendo en cuenta que no éramos muchos clientes.
De todos modos, nuestros guías nos han dicho que tampoco hacía falta que fuéramos muy puntuales porque hacía mal tiempo, así que no haríamos paradas por el camino. Con mal tiempo se referían, principalmente, a que llovía. El frío se da por supuesto. Aunque, como podréis imaginar, si llovía en vez de nevar es porque tampoco era un frío terrible, aunque sí desagradable porque también hacía viento. El clima de las islas Lofoten es mucho menos frío de lo que se podría deducir de su latitud, pero tienen bastante viento. En fin, era como un día malo de invierno en Zaragoza.
Por el camino me he fijado en que la gasolina era bastante cara; al cambio, unos 2 € por litro, lo que me ha parecido mucho en un país productor de petróleo como Noruega. Resulta que, cuando se descubrió petróleo en el Mar del Norte, el gobierno noruego decidió dedicar los ingresos del petróleo a un fondo de pensiones. Hoy día es un fondo bastante potente, con inversiones dentro y fuera del país, y los jubilados noruegos cobran sus pensiones de ahí; pero, a cambio, el precio de la gasolina es parecido al de otros países europeos que la importan.
Por el camino, de todos modos, hemos hecho alguna paradita cuando no llovía tanto. Por ejemplo, para ver los invisibles lagos helados. Invisibles porque la nieve los tapa; se deduce que están debajo cuando ves una zona llana sin vegetación.
Luego hemos pasado a Vesterålen, el archipiélago que hay al norte de las Lofoten. No sé muy bien cómo funcionan los dos archipiélagos, porque la isla de Hinnøya, la más grande de la zona (y la más grande de la Noruega continental, solo por detrás de algunas islas de Svalbard) pertenece a los dos; una parte a uno y otra, a otro. Allí ya no eran solo los lagos, sino también el mar el que estaba congelado. No todo; solo la parte más profunda de algunos fiordos está congelada. Cuando te vas acercando más a mar abierto, ya no, porque las corrientes lo impiden. Hemos pasado junto al sitio exacto donde el agua del mar dejaba de estar congelada; era muy curioso, el hielo parecía una playa. Algunos cientos de metros más adentro incluso habíamos visto gente de pie sobre el hielo, parecían pescadores haciendo un agujero en la superficie para poner las cañas.
Finalmente hemos llegado a nuestro destino: una granja de renos. Pese a la ventisca, hemos podido estar un rato dándoles de comer e incluso jugueteando con ellos. Pero, sobre todo, hemos estado en el interior de una cabaña sami, donde la dueña de la granja nos ha contado cómo funciona el pastoreo de renos. Según la ley noruega, solo los sami (lo que solemos conocer como lapones, aunque esta palabra se está dejando de utilizar porque era despectiva en su origen) pueden tener rebaños de renos. Y ojo, que los renos pueden pastar donde quieran en el norte de Noruega. Si un reno se mete en tu jardín y se come tus petunias, culpa tuya por no haberlo vallado convenientemente.
Según la época del año, los renos pastan en libertad. Esto se da, sobre todo, en septiembre, que es la época de celo, y en mayo, cuando las hembras paren. Los renos son bastante territoriales, tienen sus sitios fijos para ir a cada cosa, así que luego los pastores pueden encontrarlos fácilmente. Y también son bastante amistosos.
La señora sami nos ha contado un montón de cosas más y luego nos ha dado de comer. A nosotros y a otros dos grupos de españoles que hacían la visita a la vez que nosotros, con nuestra Ana haciendo la traducción de lo que nos decía. Hemos comido sopa de verduras y reno, bastante buena; yo me he comido dos platos.
Y luego hemos seguido viaje hasta Svolvær, la capital de las Lofoten. Esta vez con Nicolás conduciendo y bastante mal tiempo, cruzando más puentes y también un túnel entre las islas. Por cierto, Svolvær no llega a los 5000 habitantes; tampoco creáis que es una urbe.
Ya en Svolvær me he ido a comprar con Ana. Nuestro plan habitual consiste en comer en sitios varios, pero desayunar y cenar en las cabañas. Quitando la primera noche, nos vamos a alojar en cabañas alquiladas. Esta vez han alquilado dos cabañas para los siete (nuestros guías duermen en un hotel), pero hemos decidido quedarnos todos en una. Tienen cuatro dormitorios dobles, así que cabemos perfectamente, aunque solo haya dos cuartos de baño para todos. Por lo que nos dicen, suelen alquilar dos cabañas porque, cuando los grupos están formados por personas que no conocen, suelen preferir tener un cuarto de baño por pareja; pero nosotros preferimos quedarnos todos juntos, aunque tengamos que turnarnos.
Como os decía, esta vez he ido yo con Ana a comprar comida para, al menos, la cena y el desayuno, ya que mañana cambiaremos de alojamiento. Me ha gustado ver el supermercado y el tipo de comida que tienen en este país. Luego hemos estado jugando al Robo Rally, hemos cenado y a dormir. Hasta mañana.

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