1/3 Oslo

Nuestro viaje se acerca a su fin, pero aún nos queda un día entero. Lo primero, a comprobar si el desayuno del hotel es tan bueno como dicen las reseñas: pues sí, oye, es bastante bueno. Si reserváis la habitación desde la web del hotel, en lugar de usar Booking o similar, os lo incluyen. Incluso pagándolo, como hemos hecho nosotros, vale la pena. Yo he aprovechado para ponerme hasta arriba, con intención de no comer a mediodía, como es mi costumbre en los viajes.

Luego, otro consejo para cuando vayáis a Oslo: bajaos la aplicación de transportes, Ruter. Las aplicaciones de transportes no suelen ser muy buenas, pero esta tenía una valoración de 4.8 (sobre 5) en la App Store y está cumpliendo con las expectativas. Además de ayudarte a planear viajes y demás, te permite comprar los billetes directamente desde ella. Cuando subes al transporte que sea, activas el billete pulsando un botón y listo. La app tiene un botón para poder enseñar el billete al revisor, y eso es todo. Eso sí, aseguraos de coger el billete correcto, que probablemente sea el de 24 h. Cuesta lo mismo que tres billetes para un solo viaje (con transbordos durante una hora, eso sí); si vais a moveros un poco por la ciudad, es la mejor opción.

Hemos cogido el tranvía a la oficina de turismo y allí he visto varios anuncios de la Copa del Mundo de Biatlón, que se celebra estos días en Oslo. Ya os dije el otro día que Noruega es, con diferencia, la mayor potencia mundial en esquí de fondo, así que el biatlón es un deporte bastante popular.

En la oficina de turismo nos han dado algunas recomendaciones; entre ellas, que cogiéramos un ferry por las islas del fiordo de Oslo. Ferry que es parte del sistema de transporte público, porque vive bastante gente en las islas, así que podíamos cogerlo con nuestro billete de 24 horas. Conque para allá que hemos ido. Teniendo en cuenta que hemos hecho el trayecto a Aker Brygge, donde está el puerto, en otro tranvía, con esto ya hemos cubierto el precio del abono. A todo esto, aseguraos de elegir el ferry correcto. Hay cuatro o cinco líneas, la más recomendable es una circular que para en muchas islitas.

Después del viaje en barco hemos vuelto al puerto y nuestro grupo se ha dividido en tres. Agustín y Marga se han ido al museo Vigeland, que Marga tenía mucho interés en visitar. Fahss y Espe han preferido ir a dar una vuelta por Oslo, siguiendo un itinerario que nos habían dado en la oficina de turismo, y yo me he ido con ellos, ya que solo teníamos ese día para ver la ciudad. Maite y Ester han preferido hacer una visita más tranquila, ya que nosotros íbamos a ir más deprisa que ellas.

Hemos empezado dando una vuelta por la zona del puerto y hemos visto el ataque de las gaviotas. Nunca es buena idea ir comiendo por la calle cuando hay gaviotas cerca. Estas se tiran sin miramientos, para diversión de quienes no teníamos una gaviota pateándonos la cabeza.

Y también hemos visto una chica en bikini. A 4° de temperatura y con llovizna, nos ha parecido un poco excesivo, la verdad. Hasta que nos hemos dado cuenta de que estaba junto a una sauna. Aquí a la gente le gusta bañarse (el agua del puerto no está muy sucia) y luego ir directa a la sauna. Que no cuenten conmigo, oiga.

Y poco después nos hemos encontrado... no, no a Ana, que ya estará en su pueblo. A Maite y Ester que, al final, no iban más despacio que nosotros. Así que los cinco juntos hemos recorrido la zona de Aker Brygge, que es tan moderna como bonita. Muchas esculturas en las calles peatonales y edificios modernos, pero no muy altos. Aunque a Maite no le ha parecido tan bonita como a mí; a ella no le gusta la arquitectura moderna.

Luego hemos vuelto a separarnos, aunque esta vez me he quedado con Ester y Maite. Nos hemos ido a tomar un café y luego, tranvía al museo Munch, donde íbamos a reunir todo el grupo de nuevo. Primero, en un burger cercano (aunque mi intención era no comer a mediodía, me he comido media hamburguesa), y luego ya hemos ido al museo. Que es bastante grande e interesante. El museo se fundó a partir de una donación de varios miles de obras que hicieron el propio Munch y un amigo suyo, así que tiene material de sobra sin necesidad de recurrir a obras de otros autores. Una curiosidad es que tienen tres versiones del famoso Grito, pero no las exhiben a la vez. Están en tres paredes de una sala, pero cada media hora está a la vista solo una de ellas (pintura, grabado o dibujo). Se puede pensar que El Grito es un óleo sobre lienzo, pero no es así; todas las versiones están hechas sobre papel. Así que son bastante delicadas y, de esa forma, reducen el tiempo de exposición. La gente aprovechaba para hacerse la típica foto a lo Macaulay Culkin junto al cuadro, pero nosotros no íbamos a rebajarnos tanto.

Una de las plantas está dedicada a obras de gran formato. Ignoraba que Munch hubiera hecho cuadros tan enormes, la verdad. El arte de Munch va mucho más allá de El Grito, os recomiendo mucho este museo si vais a Oslo.

En las plantas superiores hay otras cosas más o menos relacionadas con el pintor. En una de las plantas hemos oído la voz de una chica dando gritos en algo que sonaba japonés con bastante entusiasmo. En el museo de la Fundación Nobel del puerto (recordad que el premio Nobel de la Paz se entrega en Oslo) habíamos visto que había una exposición de Yoko Ono, así que me he preguntado si tendría algo que ver. Pero no. Era un grupo de japoneses jugando a un videojuego en el que llevas un grupo de ladrones robando obras de Munch del museo. A lo largo de la historia han sufrido muchos robos, y en esta planta lo tratan con cierto humor y resignación. Fahss, Espe, Ester y yo también hemos echado una partida y gritamos menos, pero no mucho menos. Por supuesto, ganó Fahss. No sé por qué seguimos jugando con él.

Y ya vuelta al hotel y a buscar un sitio para cenar. Sí, ayer os dije que teníamos reserva en el Katla, pero luego hemos visto que era un sitio bastante caro y no estábamos para disfrutar una comida así, de modo que hemos anulado la reserva. Finalmente, hemos acabado en el Nordvegan; sí, un restaurante vegano. Un lugar sencillito y más adecuado a lo que queríamos en este momento. Hemos cenado tranquilamente y luego nos hemos arrastrado de vuelta al hotel. Mañana, a casa.


Comentarios

Entradas populares de este blog

29/2 Viaje a Oslo

26/2 Como Delfín, hasta el fin