29/2 Viaje a Oslo

Nuestro viaje debería terminar hoy, pero no del todo. Cuando estuvimos organizando el viaje, Ester vio que nos costaba lo mismo volver a Madrid el jueves, que quedarnos dos días en Oslo y volver el sábado. Además, el vuelo del sábado era directo, mientras que el del jueves tenía otra escala. Por si no ha quedado clara la explicación: el vuelo Oslo-Madrid el jueves, con una escala, costaba más o menos lo mismo que Oslo-Madrid el sábado, directo, más dos noches de hotel en Oslo. Así que decidimos alargar la cosa un par de días en la capital noruega.

Así que hemos desayunado y salido hacia el aeropuerto de Evenes (o Harstad/Narvik, como más os guste) con Ana al volante de la furgoneta. Nico se había ido antes en autobús, porque su vuelo salía más temprano. Él se volvía a Castellón, donde vive, mientras que Ana también viajaba a Oslo, aunque en otro vuelo, porque el pueblo sueco donde vive está cerca de la frontera y podía viajar en tren desde allí.

A todo esto, Harstad es el punto más septentrional donde hemos estado todos los de nuestro grupo (sin contar a los guías, claro). Su latitud es 68°48′N; es decir, 2°14′ al norte del círculo polar ártico. No está mal, ¿verdad?

 - Pues yo he estado en Svalbard, que está más al norte.

- Pis yi hi istidi in Svilbird. La maleta de Marga también, y no se pone tan chulita.

Ya en el aeropuerto nos hemos despedido de Ana y, una vez facturadas las maletas, hemos ido a buscar la puerta 27, desde la que salía nuestro avión. La verdad, no parecía que ese aeropuerto fuera a tener tantas puertas. Y no las tiene: solo hay cinco, pero numeradas del 26 al 30. A la venida no me fijé en si la única cinta transportadora de equipajes era la 17C, o algo así.

También me ha llamado la atención que hubiera varios vuelos a la cercana Bodø. No parecía muy lógico, teniendo en cuenta la distancia. Hasta que he mirado el mapa. Las distancias en Noruega engañan, sobre todo en el norte. Como es un país tan alargado, no te das cuenta de que, por ejemplo, de Evenes a Bodø hay más de 300 km. Además, no es fácil hacer carreteras por los fiordos, así que hay que dar mucha vuelta. De hecho, Google me decía que, para ir en coche a Bodø, teníamos que volver a las islas, coger un ferry... unas seis horas de viaje. Mejor el avión, sí.

Hemos llegado a Oslo sin incidentes y, al recoger las maletas, nos hemos encontrado... otra vez a Ana. Ya os decía que ella volaba al mismo sitio, aunque en otro vuelo (el suyo, de SAS; el nuestro, de Norwegian) y su mochila estaba en la cinta de al lado. Nos ha echado una mano para comprar los billetes de tren a la ciudad y hemos vuelto a despedirnos. Por un rato, porque nos hemos encontrado de nuevo un rato después, en el andén. Pero la tercera ya ha sido la definitiva.

Nuestro hotelito en Oslo, el SmartHotel Oslo, es un hotel barato, pero céntrico, así que está lleno de universitarios y similares. Es una buena opción si solo queréis el hotel para dormir, porque las habitaciones son diminutas. Bueno, tienen otras más grandes, pero las small double rooms son realmente small. Vamos, un pasillo con una cama al final. Con dejar las maletas en el suelo, ya casi no podemos pasar. Y la cama está encajonada entre tres paredes; si duermes en la parte de la pared y tienes que levantarte a mitad de noche para ir al baño, tienes que pasar por encima de la otra persona. En fin, es lo que anunciaban, aunque yo creo que la nuestra no es tan grande como la que sale en la foto de la web. Os pongo una foto que he visto en internet que lo refleja bastante bien, aunque esta es una habitación individual.


Nos hemos ido a descansar un rato y, una hora más tarde, hemos salido a dar una vuelta. Bueno, han salido. Tres de los siete de nuestro grupo. Los demás nos hemos fritos en nuestras respectivas camas. Llevábamos demasiado tute, me temo.

Así que nuestro primer día en Oslo se ha reducido a dormir la siesta y salir a cenar. Hemos mirado los restaurantes de los alrededores (ya os digo que el hotel es céntrico, así que hay muchos) y nos hemos decidido por el Café Elias, lo que ha sido una buena elección. Comida noruega bastante buena a precios no excesivamente caros para ser Noruega. Ya he dicho antes que Noruega es un país muy caro, ¿verdad? Id mentalizados o quedaos en casa, no hay otra. A todo esto, hemos podido cenar allí gracias a que tenían una reserva que no se ha presentado. Así que, en previsión de que mañana es viernes, hemos pensado en reservar ya la cena. Como la carta del Elías es bastante corta (todo bueno, eso sí, pero no queríamos cenar dos días seguidos lo mismo), hemos entrado al Katla, otro restaurante cercano con bastante buena pinta, y ya tenemos la reserva.

Y luego, a dormir. Mañana nos toca ver la ciudad.


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