23/2 En marcha
Ya llevaba un año sin escribir una de mis plastoseries. Desde la última, hemos hecho un viaje muy chulo por el Pirineo y nos hemos arrepentido de no haberle hecho blog, así que este no se escapa.
Hace un año nos fuimos con Maite a Vietnam y Camboya porque la ilusión de su vida era ver Angkor Wat. Pues bien: casi no habíamos puesto el pie en Madrid, a la vuelta de ese viaje, cuando dijo: la ilusión de mi vida es ver una aurora boreal. WTF??? El caso es que Ester fue contando la ocurrencia por ahí y la reacción general era: ¿pero esa mujer no se contenta nunca? Ah no, perdonad. La reacción general era: ah, yo me apunto. Y aquí estamos los tres, con Agus, Espe, Fahss y Marga (por orden alfabético). Ester estuvo buscando gente que organizara viajes por aquí y encontró una pequeña agencia que llevaba grupos de ocho personas, como máximo; nosotros éramos siete y aceptaron organizar un viaje para nosotros solos. Normalmente, en estos viajes va un guía (nueve personas en total, lo justo para un monovolumen); pero, como nosotros somos uno menos, llevamos dos guías. Pues mira qué bien.
Siguiendo estas costumbres vacacionales en las que preferimos no pensar, hoy nos hemos levantado más temprano que si fuéramos a trabajar. Hemos dejado a nuestras gatas bien desayunadas (estos días atrás hemos estado organizando quién se encargaría de ellas en nuestra ausencia, claro) y hemos salido hacia el aeropuerto, donde nos esperaban nuestros amigos. Allí hemos desayunado a precio de aeropuerto, lo que nos ha permitido empezar a acostumbrarnos a lo que nos esperaba. Por si alguien aún no lo sabía, Noruega es un país carísimo.
Ya en el avión, Ester me ha hecho ver que solo había dos niños pequeños en todo el avión: uno justo delante de nosotros y otro, justo detrás. El de delante era un bebé que lloraba desconsoladamente. Ahí me he acordado de nuestro amigo Antonio y lo que estaría disfrutando en nuestro lugar (a su lado, Herodes era Torrebruno). Pero he de decir que sus padres han conseguido tranquilizarlo y se ha pasado casi todo el vuelo durmiendo. Y el niño de detrás tampoco ha dado ninguna guerra. Así que hemos tenido un viaje bastante tranquilo hasta llegar a Oslo, donde nos ha recibido un paisaje completamente nevado. Ha debido de caer una buena hace poco, porque la pista estaba limpia, pero tenía pinta de que habían estado trabajando en ella recientemente. Seguro que la nieve deja de llamarnos la atención pronto, pero aún no es el caso.
En Oslo teníamos una escala larga, tres horas y media, que nos venían bien porque teníamos que recoger el equipaje y llevarlo a nuestro segundo vuelo, además de comer. Recoger el equipaje todos, menos la pobre Marga. Por cómo ha desaparecido todo el mundo de la cinta de equipajes, la única maleta perdida del vuelo ha sido la suya. Así que Ester se ha pasado un buen rato hablando con los del seguro para ver qué nos cubría, cosa que no ha sido fácil porque, pese a tener nuestra póliza delante, la persona que la ha atendido insistía en que con ese número de póliza no salía nadie con ese nombre. En fin, nos ha dicho que guardáramos los recibos y Marga se ha comprado lo que necesitaba para sustituir temporalmente lo que llevaba en esa maleta. Esperemos que no tarde mucho en aparecer, de todos modos.
Luego hemos ido a buscar un sitio donde comer y hemos acabado en uno de ramen que no estaba mal, aunque a precios que han hecho palidecer los del aeropuerto de Madrid. Salvo los del alcohol, que eran directamente aberrantes. El alcohol y el tabaco son tremendamente caros en Noruega, así que una cerveza no baja de 10 € (al cambio) en ninguna parte. Luego hemos comprado cosas para la cena (íbamos a llegar demasiado tarde para encontrar nada abierto) y a esperar el embarque de nuestro avión. Entonces han anunciado por los altavoces:
- Lamentamos informarles de que el avión a Harstad/Narvik está retrasado y se espera que despegue a las 18:00.
La hora prevista de despegue era las 17:55. ¿Pero esto qué es, Noruega o Japón? Al final, ha habido un poco más de retraso y hemos salido a las 18:10.
Hemos llegado al aeropuerto de Evenes (también llamado Harstad/Narvik por las dos poblaciones más o menos grandes que tiene cerca) e ido a recoger el equipaje, esperando que no hubiera nuevas bajas. El aeropuerto de Evenes, como podéis suponer, es pequeñito (aunque he estado en alguno mucho más pequeño), así que tiene una sola cinta de equipajes. Mientras esperábamos, veo que un chico se acerca a Fahss y se ponen a charlar animadamente. No me jodas que conoce a alguien aquí. Pero no, claro; era Nico, nuestro guía, que había venido a buscarnos. Y pronto ha aparecido Ana, la segunda guía. Esta vez sí que hemos recogido el equipaje sin problemas y hemos salido del aeropuerto, a ver qué tal se estaba fuera. Pues no tan mal, oye; vale, hacía frío, pero nada que no hayamos tenido muchas veces en España. Si no fuera porque estaba todo nevado (y con bastante hielo en el suelo, así que había que andar con cuidado), parecía un día de invierno en Zaragoza.
Parece que Ana será nuestra conductora durante esta semana. Hemos montado en el monovolumen, en el que sobraba sitio para nuestras maletas (claro que faltaba una), y hemos salido hacia las islas. Cuyo extremo oriental está muy cerca del continente; se llega por un puente no demasiado largo. Nico y Ana nos han ido contando algunas cosas de lo que solo estábamos atisbando, porque era noche cerrada desde hacía rato. Y media hora después hemos llegado a la bulliciosa Sangtorholmen, donde está nuestro hotel. Lo de bulliciosa es una coña, claro; son cuatro casas y no había ni dios en la calle. Pero el hotelito es muy majo y agradable. Nos han dejado arramblar con todo lo que había sobrado del buffet de la cena por 500 kr entre todos (1 kr = 0,09 €, más o menos) y con eso y lo que habíamos comprado en el aeropuerto de Oslo hemos cenado muy a gusto.
Ana y Nico nos han contado el plan para los próximos días y también que el que había para esta noche probablemente se tendría que cancelar. La idea es que todas las noches intentaremos ver auroras boreales, pero claro, para eso se necesita que el cielo no esté cubierto y que haya auroras. Al parecer, hoy no se daba ninguna de las dos condiciones. En fin, casi mejor, que hoy estamos cansados del viaje y mañana toca madrugar otra vez. Mañana empezará la parte buena del viaje; hasta entonces, buenas noches.

Comentarios
Publicar un comentario